Es la España relicta de los viejos pastores de pan, navaja y tocino con sus rebaños fuenteovejunos y la algarabía de campanarios y sacristanes.
Cásanse los primos gozando en los enormes palomares bajo el estruendo de los pichones.
Ahora vaciada, con los más intrépidos en la deriva mediterránea, acogidos a las improvisadas tascas de playa, reinantes en el chiringuito como Sancho Panzas en la ínsula de Barataria.
Furor de sexagenarias extranjeras, sucumbidas éstas a la bravura de su sobaco, triunfando en las huertas y huyendo de los páramos......
Otros, los mas, arribados a los cinturones industriales del monstruo manchego son hoy los viejos robaperas que asaltan los ALSAS de paradas rumbo a su paraíso de Pincholandia.
Bajando con sus bastones, sus llaveros en la trabilla de los pantalones, la gorra garrochista con la simbología merengue, se aprestan a devorar cualquier pincho a su alcance mientras alegres proclaman ¡¡¡ ARRASTRO!!!.
Viejos de ponche caballero y aceituna con hueso, de tramperos al tute, cejijuntos entreprimados de Aldonzas y Gervasios, añorando los viejos tiempos de la burra y la corneta.
Aquellos que tiraban las cabras desde las torres entre las campanadas, rebuznando en los tendidos cuando los pitones alcanzaban al diestro o desjarretaban al caballo mientras comían bocadillos de atún..... y hoy disfrazados de Almódovares en el simulacro del Óscar de don Algarrobo y doña Encina.
Pretendiendo el inalcanzable glamour, copiando los fastos ajenos en una copia peor que la de los chinos, donde la casera suplanta al champagne y los cuatro tirapedos al paseo de la Fama.
Es la España infame donde las locutoras asaltan el trono y el rey huye entre los moros, atrincherado Curro y su banda de algarrobos entre las bandas de birretes y collares donde imparte ciencia y justicia.
Es el imperio de Monipodio y Sanchopanza lleno de Celestinas y alucinados paseaperros con gafitas de sol donde todos quieren ser artistas.
Donde a la AUTORIDAD no le queda ni la sonoridad del nombre pues ésta ha perdido en los innumerables vodeviles de la corrupcie.
Donde los pretendidos CEOS llevan por corbata cencerros y los curas que sabían latín apenas ya saben contar con los dedos.
