Ya no se sabía si uno estaba en Asturias o en Australia, en esta república ocalitera que cuatro desgraciados llaman Paraíso Natural, cuando llegó también Palmerolandia.
Los viejos bosques asturianos arrasados y confinados a los valles altos y montañas más remotas, toda la zona costera y de la llanada interior llena de ocalitos, palmeras y plumeros de la pampa y las sabandijas tronando paraísos naturales en una región completamente destruída y rematada por descomunales incendios forestales.
La flor de la canalla se concitó para presentar el mayor desastre ecológico de Europa como el paraíso de Adán y Eva y el enjambre de retrasados mentales interiorizó como cierto semejante embuste de dimensiones colosales.
Nadie movía un dedo en una región inerme de zombies cuando gracias a Dios llegó el Picudo Rojo.
Picudo Rojo, héroe, Picudo Rojo justiciero es como un sheriff valeroso que desenfunda contra todos los forajidos y los va abatiendo uno a uno.
Por eso los alcaldes de la Albania del Cantábrico le han declarado la guerra, porque son parte del problema, ellos están con los malos, con los cuatreros, con los bandidos.
Yo quisiera pronunciarme en estos fastos de reyes, reinas, en ese sarao de Oviedo donde llegan las famosas putiamateurs tras saquear los Cortes Ingleses con sus maridos cuernos encorbatados como Don Golilla a favor del Picudo Rojo para que se le de el premio a la Defensa de la Naturaleza.
Picudo Rojo, héroe, Picudo Rojo patriota
